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Coincidí por primera vez con Sergio Makaroff en el papel impreso de Diario 16, en una página que hasta hace poco dirigían Andrés Calamaro y Andy Chango. Sergio colaboraba con un artículo sobre las drogas, yo con un pequeño cuento sobre el insomnio. Ni que decir tiene que Makaroff había llegado a España hacía ya bastante tiempo
con las velas desplegadas,
impulsado por el viento,
prologando la mirada
más allá del pensamiento
y , previo paso por Madrid, se había instalado (quién sabe si definitivamente) en Barcelona. Creo que llegó a España en 1978, después de que sus amigos de Tequila le contaran lo que se estaba perdiendo. Eran los días de la movida madrileña. Una época que, personalmente, no viví, pero cuya leyenda forma parte de mi educación sentimental. Segio llegó a España huyendo, y descubrió un país en el que ya se había huido demasiado. Aquí se encontró con otros músicos argentinos que ya estaban o que fueron llegando: los Tequila de Ariel Rot, Los Rodríguez, Fito Páez, Andrés Calamaro (ya en solitario), Andy Chango... Con todos ellos ha colaborado Sergio Makaroff, y entre todos han escrito algunas de las mejores canciones de todos los tiempos. Un ejemplo: "Tranqui, tronqui", "Master of the universe", "El novio de América" o "Todo tan cerca".
Quería el paraíso y lo quería ya,
con el puño cerrado golpeaba en el cielo,
nadie preguntó si quería nacer,
reclamaba placer y mordía el anzuelo.
¿Parece sencillo, verdad? Las palabras están ahí, al alcance de todos. Pero si alguna vez han probado a escribir una canción (o un poema, o un cuento),
ya sabrán que las palabras se parecen a las piezas de un reloj que alguien ha esparcido encima de un pañuelo. Podemos verlas, jugar con ellas, incluso perder alguna... pero montar el reloj es algo que pueden hacer muy pocos. Sergio es un artesano de las palabras: las cuida, las mima y les saca brillo. Algunas de estas palabras, convertidas ya en canciones, vamos a tener la fortuna de escucharlas esta noche. Para ello, este argentino con pinta de zar ruso viene montado en su electroacústica y acompañado por su fiel escudero Jaume, todo un prodigio a los teclados. Sin duda, un espectáculo que no deben perderse.
Josep M. Rodríguez
Membre del Consell de Redacció de "Némesis. Revista de Humanidades"
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